Reflexionamos sobre el desafío del relevo generacional en el evento BizkaiaAgro, organizado por DEIA

El evento BizkaiaAgro, organizado por DEIA, ha reunido a agentes claves del agro vizcaíno, entre ellos LURSAIL Bizkaia, con el objetivo de debatir sobre el futuro del sector en un contexto marcado por el envejecimiento de la población agraria y el estancamiento del relevo generacional.
El encuentro se ha celebrado en la sede de la Escuela de Agricultura de Derio y ha tomado como punto de partida los datos del último Censo Agrario del País Vasco que evidencian el reto: el 30,6% de personas titulares de explotaciones supera los 65 años y, del total, solo una de cada diez tiene menos de 40. A estos datos se suma una tendencia preocupante: en los últimos 30 años, la población activa agraria de Euskadi se ha reducido a la cuarta parte. De 64.000 explotaciones existentes se ha pasado a unas 12.600 actuales. De ellas, cerca de 6.000 se localizan en Bizkaia, aunque únicamente unas 700 personas viven exclusivamente del campo.
La reflexión se ha articulado en torno a dos mesas de trabajo. La primera ha contado con la participación de la administración y de cuatro entidades del sector, mientras que la segunda ha dado voz a tres jóvenes emprendedores que han dado continuidad a explotaciones familiares.
Mejorar la calidad de vida
La participación de LURSAIL Bizkaia ha apuntado a varias claves imprescindibles para el rejuvenecimiento del sector. La principal, aportar garantías de vida. Más allá de la vocación, quienes se plantean emprender necesitan una renta de trabajo digna y una calidad de vida que le permita conciliar la actividad laboral con la vida personal y familiar. En caso contrario, disponen de formación y oportunidades para desarrollar su proyecto vital en otros sectores. No es casual que muchas personas al frente de explotaciones agrarias no deseen que su descendencia herede lo que sigue percibiéndose como “la sacrificada vida del campo”. En este sentido, la actual coyuntura, con el acuerdo de MERCOSUR que está movilizando al sector, no contribuye a transmitir la idea de un futuro digno y estable.
Abrirse a la sociedad
Otro aspecto clave para atraer talento es el reconocimiento social del primer sector y de quienes trabajan en él. Su aportación es insustituible y va mucho más allá de la producción de alimentos; el sector agrario gestiona el 85% del territorio y desempeña un papel esencial como garante del medio natural y como agente activo en la lucha contra el cambio climático.
Asimismo, resulta fundamental trasladar a la ciudadanía que los retos del sector son, en realidad, retos de toda la sociedad vasca. Un ejemplo claro es la soberanía alimentaria: en Euskadi solo somos autosuficientes en vino y en huevos; producimos el 70% de la leche que consumimos, entre un 20% y un 25% de la carne y menos del 9% de productos de la huerta. De no revertirse esta situación, el territorio avanza hacia la dependencia alimentaria, en contradicción con su potencial y su identidad gastronómica.
En este escenario, cobra especial relevancia el esfuerzo que están realizando las administraciones vascas para impulsar el relevo generacional, así como el amplio ecosistema de capacitación y formación existente para facilitar la incorporación de jóvenes al sector.
Nuevos modelos y digitalización
Mirando al futuro, también resulta imprescindible explorar nuevos modelos de actividad que hasta ahora han tenido menor presencia, como los perfiles profesionales mixtos que compaginan la actividad agraria con otros trabajos, cada vez más habituales en Europa, y las explotaciones asociativas, que permiten la organización colectiva del trabajo favoreciendo la conciliación personal y familiar.
Finalmente, el futuro del agro pasa necesariamente por seguir avanzando hacia la Agricultura 4.0, incorporando nuevos modelos de producción, tecnologías digitales e inteligencia artificial que mejoren la eficiencia y la eficacia de los procesos y, con ello, la calidad de vida en los baserris.
En definitiva, nuestra reflexión sobre el futuro del agro en Bizkaia apunta, sobre todo, a una reflexión sobre el futuro del conjunto de la sociedad, que se dibuja incierto sin personas que quieran y puedan vivir del campo.