Cada vez existen más soluciones tecnológicas en el mercado, pero el desafío es que sean accesibles a las explotaciones de tamaño reducido

Desde hace un tiempo, la aplicación de las tecnologías en agricultura es una constante en crecimiento. Una vez superado el primer cuarto de siglo, podemos afirmar sin dudarlo, que la agricultura de precisión está tomando el relevo de modelos productivos más tradicionales. El potente desarrollo de la sensórica en la última década, que permite tomar infinidad de datos en nuestro campo, junto con los avances en las comunicaciones, abren la puerta a un nuevo paradigma agrario, donde incluso las fincas pequeñas pueden realizar una gestión de sus cultivos mucho más sostenible y precisa.
Reducir el consumo de agua
Uno de los mayores avances ligados a la tecnología los podemos observar en la gestión del riego. En explotaciones agrarias modernizadas, la gestión de los riegos se apoya en sensores inteligentes para optimizar el uso del agua. Los sensores de humedad del suelo permiten conocer con precisión cuánta agua hay disponible, evitando riegos innecesarios. Esta tecnología ha logrado reducir el consumo de agua hasta en un 30%. Además, al integrarse con datos meteorológicos en tiempo real, los sistemas de riego se ajustan automáticamente para aprovechar la lluvia y mejorar la eficiencia. Sin embargo, el ahorro de agua no es la única ventaja, ya que en zonas donde las lluvias son abundantes, como se da en nuestro territorio, estos sensores pueden ser muy efectivos a la hora de monitorizar los niveles de humedad del suelo y, en consecuencia, ayudarnos a tomar decisiones que puedan contribuir a una mejor gestión sanitaria de la plantación. Como, por ejemplo; idoneidad o no de realizar drenajes, etc.
Detectar plagas y enfermedades
Además de los citados previamente, existen otros sensores interesantes por su aplicación en fruticultura; los sensores de humectación de hoja, combinados con los valores arrojados por estaciones meteorológicas de humedad ambiental y temperatura permiten detectar la posibilidad de presencia de plagas y enfermedades de forma temprana al combinar estos datos con modelos de inteligencia artificial. De esta manera, los agricultores pueden anticipar riesgos y aplicar tratamientos solo cuando es necesario, reduciendo el uso de fitosanitarios y mejorando el control de enfermedades, especialmente en cultivos sensibles a hongos, donde la gestión de la humedad y la ventilación resulta clave.
Control del estado fisiológico de los árboles
Recientemente se ha presentado en el mercado un sensor capaz de monitorizar el estado fisiológico de los árboles. Se trata de un dispositivo biocompatible que se inserta en el tallo para medir la salinidad y el flujo de savia, funcionando como un “electrocardiograma” de la planta. Los datos se envían a una plataforma con inteligencia artificial que los analiza en la nube. Esto permite detectar de forma temprana el estrés hídrico, anticipar ataques de patógenos y evaluar la eficacia de los tratamientos, mejorando la gestión del riego y la sanidad del cultivo.
En definitiva, cada vez existen más soluciones tecnológicas en el mercado, que pueden servir para la gestión y el manejo de las plantaciones frutícolas. Sin embargo, el desafío principal que afrontamos en el sector es encontrar la manera de que este tipo de tecnologías sean más accesibles al público general, incluyendo explotaciones de tamaño reducido, con rendimientos pequeños para los que estas inversiones tecnológicas sean justificadas.